SOY CULPABLE

01.12.2020

Buenas tardes, panal, ¿qué tal va todo? Ya hemos empezado diciembre y estoy muy ilusionada. ¿Vosotras también lo estáis? 

Hablando de diciembre, tenéis ahí arriba, en la pestaña de ADVIENTO, un calendario de adviento. Lógico, lo dice la propia pestaña. Cada día os subiré una sorpresa hasta que sea 24 de diciembre. Me encanta la idea y espero que os guste. Ya sabéis que todo lo que hago lo hago con mucho amor. 

En esta entrada os traigo una especie de reflexión personal. No sé si os gustarán este tipo de posts, pero también me gusta daros mi punto de vista de las cosas desde lo personal y desde el fondo de mi corazón. Si os interesa lo que pienso y pensáis que os puede ayudar, seguid leyendo. 

LO CONFIESO

Lo confieso, me gusta comer algo dulce después de comer y cenar. Y no me sirve que esa cosa dulce sea una fruta, un dátil o un trozo de chocolate negro del 70%. Me gusta tomarme unas galletas de dinosaurios, un trozo de chocolate blanco o un schoko-bons. 

También a veces me apetece cenar patatas fritas del McDonald's con salsa barbacoa. O incluso no "a veces" y sí "siempre". Otras veces no es que me apetezca, pero no me queda otra. 

Sí, soy de esas que desayunar un cruasán o algún bollito dulce con un café, me alegra el día. Y si ese café lleva canela, me lo alegra mucho más. También soy de las que disfrutan cenar un desayuno y hacerse unas tortitas con su harina, su azúcar blanco, su mantequilla... Y no solo me alegra el día desayunar eso, también me alegra la tarde tomarme un café calentito después de comer con un bizcochito mientras hago contenido para vosotras, mi panal. 

Ah, y no me podía olvidar de esto, el filete de pollo me sabe mucho mejor hecho a la milanesa, o empanado como se dice por aquí, que a la plancha, así que siempre que puedo, se lo pido así a mi padre. 

NO ME SIENTO CULPABLE

Hago todo eso, y no me siento culpable. Quizás durante mi recuperación sí que me sentía culpable, pero porque tenía muchas creencias limitantes en mi cabeza. 

Estaba recuperada físicamente y casi mentalmente, pero me preguntaba, ¿y ahora qué? ¿qué se supone que tengo que comer? ¿a qué parte de mi cuerpo tengo que escuchar? ¿tengo que escuchar a mi cabeza, a mi estómago...? 

Me apetecían alimentos dulces, ultraprocesados, grasientos... y pensaba "esto no puede ser hambre mental porque ya la he pasado y honrado, y lo sigo haciendo, así que, ¿por qué me siguen apeteciendo esos alimentos casi todos los días?".

Mi cabeza pensaba que si me apetecían unas galletas de dinosaurios el lunes, el martes no me iban a apetecer. Y bueno, quizás el martes no me apetecían las galletas de dinosaurios, pero sí que me apetecía un trozo de chocolate blanco. 

Con el tiempo he aprendido que es que soy así y me gusta la comida ultraprocesada. Parece que es un delito y que solo lo pueden confesar los más valientes, cuando en realidad es algo de lo más normal. 

LA COMIDA ME HACE FELIZ Y DISFRUTO DE ELLA

No quiero que se malinterprete lo que digo, pero la comida es un placer del que, por suerte, disponemos, y creo que hay que aprovecharlo. Con esto no estoy diciendo que solo me alimente a base de alimentos que no nutren mi cuerpo.

Hago un pequeño inciso para aclarar que no hay ningún alimento que no aporte absolutamente nada. Todos nos van a aportar algo, nutricionalmente hablando. Bueno, al menos casi todos, porque dudo que una gelatina 0% del Mercadona que sabe a edulcorante puro nos aporte algo nutricionalmente. Pero sí que es cierto que hay alimentos que nos aportan unos nutrientes mejores que otros. 

También incluyo alimentos que me aportan vitaminas, minerales, proteína de alta calidad, fibra, grasas saludables... Y creo que todo el mundo debería incluirlos porque sino moriríamos de escorbuto por la falta de vitamina C, como los marineros y los piratas hace cientos de años.  De escorbuto o de otras cosas, por supuesto. 

Sin embargo, hay veces, repetidas veces al día (aunque no llevo la cuenta, para ser sincera, solo sé que son bastantes veces), que me apetecen alimentos por puro placer o por el significado que les doy. Supongo que será cosa del azúcar pero, como os he dicho antes, incluir un dulce después de comer/cenar me alegra la existencia. Y no voy a cambiar eso por nada del mundo. 

Tampoco voy a cambiar por nada del mundo experiencias que estoy viviendo que me impiden, de cierta manera, comer para nutrir mi cuerpo. Bueno, en realidad tampoco me lo impiden, pero hacerme un tupper con una ensalada me da tremenda pereza. Y sí, puede que no le esté dando a mi cuerpo lo mejor pero, ¿sabéis la paz mental que me da no preocuparme por eso? Y en definitiva, esa paz mental, no la cambio por nada. 

TENGO CLARAS MIS METAS EN LA VIDA

No preocuparme por la alimentación y seguir mi "intuición" (ya haré un post hablando sobre el significado que le doy yo a la intuición) me ha dado mucha paz mental, y eso me ayuda a seguir adelante con mis proyectos. 

Dejar de centrarme en la alimentación y en los alimentos me ayuda, a día de hoy, a seguir adelante. Cuando más me preocupo por lo que como o dejo de comer, es cuando más desmotivadla estoy. ¿Coincidencia? No creo. 

Aunque creamos que podemos con todo, no es así, no podemos con todo. Nuestra cabeza tiene sus límites, y si está llena de preocupaciones se pone en modo Error 404. Y a mí por lo menos la parte de la alimentación me ocupa (ocupaba, para ser más exacta) casi la mitad de la cabeza. Os podéis imaginar el espacio que tengo cuando no me preocupo por eso, ¿verdad? 

HASTA OTRO DÍA PANAL

Quizás no se me haya entendido muy bien con este post, pero solo quería reflexionar, como os he dicho antes. Me encanta reflexionar y me viene muy bien escribir mis reflexiones. Si tienes cualquier duda o comentario ya sabéis que me podéis escribir a mi correo

Tened unos días muy chachis. Nos vemos por instagram como siempre. Os quiero.